Al salir, el mundo ya no es el mismo que quedó fuera: eso es «Mármol» de Marina Carr en el CDN

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En el Centro Dramático Nacional se está representando, hasta final de año, Mármol de Marina Carr.

“Siempre se siente nostalgia por la vida que no se ha elegido”

Esa es la frase descataca en su página del CDN; sin embargo, ese es una acote como cualquier otro, porque la obra está repleta de frases que podrían destacarse.

Tenemos cuatro personajes en escena, dos parejas de las que los hombres son buenos amigos. Uno de ellos sueña con la mujer del otro y, de esa anécdota, surge todo: surge la vida.

La obra empieza en un tono de comedia que, sin darnos ni cuenta, se disuelve, y nos va llevando por una obra existencialista llena de significados, de lenguaje lírico y metáforas sobre la vida. De una manera magistral, empezamos a comprender y a empatizar con los cuatro personajes, construídos de una manera abrumadora; podemos entrar en la piel de cualquiera de ellos, sin ningún orden maniqueo, todos tienen sus causas y consecuencias, todos tienen sus motivos; y nosotros tenemos un poquito de cada uno de ellos.

Es un gran drama sobre la forma de vivir, sobre el amor; teoriza sobre el amor y lo que cada uno desea, sobre la estabilidad y lo que se desea, lo que no sucedió, lo que un día era de pronto es mentira y el sueño es más importante y todo se tambalea.

Hay valor en cada uno de sus personajes, y un nudo en la boca del estómago del espectador, que se zambulle de manera aterradora en recovecos del alma humana que nunca quiso transitar.

Sencillamente, entras al teatro y, al salir, el mundo ya no es el mismo que quedó fuera.

La interpretación corre a cargo de José Luis Alcobendas, Elena González, Susana Hernández y Pepe Viyuela con una calidad inmejorable, una puesta en escena sobrecogedora; la dirección de Antonio C. Guijosa. Es la compañía Vodevil.

El peso de la actuación de Susana Hernández es estremecedor, con esa templanza y esa carga de realidad que devora al espectador; los martirios del personaje encarnado por José Luis; la desviación entre locura, sueño y realidad de Elena González y las dicotomías a las que se enfrenta Pepe Viyuela… Todo ello bajo la dirección de un escenario gris y sin ornamentos, que cuenta con varios espacios, entradas y salidas; la luz y el mármol para escapar de esta edad de hielo en la que vivimos, donde podría dar igual estar muerto.

No es fácil escapar de Mármol.

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