El armario

…como la ausencia que acaba

y comienza con el olvido.

 

 

Tras el escaparate, un vestido solitario

y otro olvidado sobre la cama.

El vestido de la ocasión especial.

No reconocer nuestra ropa de diario

cuando nos encontramos por la calle.

Tu camisa me es ajena,

no es una de las que colgaba arrugadas en el armario;

tu camisa acentúa el punto que divide la ausencia del olvido.

La ausencia, que comienza y acaba el olvido.

El olvido del vestido y el armario vacío,

o repleto, de otras manos, otras historias,

otro fondo de recuerdos.


P.D. Hemos convivido con alguien; en la misma casa o tan habitualmente como si los sueños se mezclaran. Conocemos todos sus movientos. Conocemos su ropa. Esa ropa que le queda tan bien, con la que su atractivo crece. De pronto, un buen día, viene la ausencia; pero no pasa nada, seguimos vivos. Viene la ausencia y el olvido, que no siempre se parecen. Y de pronto, un día cualquiera, nos encontramos y ya no reconocemos nuestra ropa cotidiana; porque ya es la ausencia, ya no convivimos, ya es la prueba definitiva de que la vida sigue por separado, que han pasado cosas entre tanta ausencia y que ya no somos los mismos.


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